Fruta del huerto

Si hay una fruta que me encanta del huerto, es la frutilla. Además de ser riquísima, tiene muchísimos beneficios y es fácil de cultivar si se la cuida bien.

Las frutillas, también conocidas como fresas en otros países, vienen de una planta llamada Fragaria vesca. Su nombre proviene del latín fraga, que significa “fragante”, por su característico aroma dulce.

En el proyecto de la escuela aprendimos que las frutillas necesitan mucho sol y riego frecuente, pero sin encharcar el suelo. También es importante que la tierra esté suelta y mezclada con compost, porque eso ayuda a que crezcan más dulces y saludables.

Existen distintas variedades de frutillas, como la Camarosa, la Albión o la Festival. Algunas son más grandes y firmes, mientras que otras son más pequeñas y dulces.

Algo que me sorprendió es que las frutillas no solo son deliciosas: también son muy buenas para la salud. Contienen vitamina C, antioxidantes y ayudan a fortalecer el sistema inmunológico.

Lo que más me gusta de cultivarlas es ver cómo aparecen primero las flores blancas y, con el tiempo, los pequeños frutos rojos. Ver ese cambio te hace sentir orgulloso, porque es algo que vos mismo ayudaste a crecer con paciencia y dedicación.

Además, cultivar nuestras propias frutas cuida el medio ambiente, ya que se reduce el uso de plásticos y el transporte de productos. Es una forma simple y poderosa de cuidar el planeta desde casa o desde la escuela.

Pequeña, dulce y llena de vida… así es la frutilla, una fruta que enseña que las cosas buenas crecen con tiempo y amor.














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